21/2/08










Monumento en proceso.

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Aprendiendo a cabalgar como en la tele.

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Boceto







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Prototipo











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Locomoción

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Abanderado














COMO GALOPA UN CABALLO


El veloz desarrollo que alcanzaron los métodos científicos experimentales y las tecnologías ópticas en el pasaje del siglo XIX al XX permitió construir aparatos de medición para acceder más allá de la percepción normal. Habría que incluir las operaciones de los cronofotógrafos en ese horizonte de posibilidades y, en un sentido más amplio, dentro del marco epistemológico circunscripto por Nietzsche, Marx y Freud (a quien Paul Ricoeur definió como “maestros de la sospecha” y Michel Foucault como “fundadores de la hermenéutica moderna”). Dentro de ese contexto, los estudios de Marey y de Muybridge ocupan un lugar clave en la representación del movimiento. Sus investigaciones lograron resolver de manera científica y comprobable el problema de la descripción de desplazamientos de corta duración en seres vivo, que intrigaba a estudiosos y artistas desde Leonardo Da Vinci. Según una definición posible, “la cronofotogrfía científica es la medición temporal de las sucesivas posiciones de un ser vivo en desplazamiento. La tarea del investigador es hallar la geometría del movimiento así como su dinámica, es decir, la relación del movimiento con el espacio y el tiempo”.. O en las palabras del propio Marey:”Es la aplicación de la fotografía instantánea al estudio del movimiento. Permite que el ojo humano vea lasa fases que no podría advertir de manera directa y lleva a cabo la recomposición del movimiento que inicialmente se había descompuesto”. Los experimentos de Marey y de Muybridge permitieron advertir que lo que se ve no es exactamente lo que se ve o, en todo caso, que aquello percibido en primera instancia y de manera imperfecta por el ojo esconde una configuración más compleja. Ellos y otros investigadores, como Denisthorpe, Londe o Anschütz, desarrollaron las funciones del dispositivo fotográfico y lo aplicaron a un análisis del movimiento que conduciría fatalmente al cine.
Marey y Muybridge estudiaron por separado y con distintos métodos un problema hasta entonces irresoluble para los estudios de locomoción en seres vivos. Según Marey:”Difícilmente exista alguna rama de la mecánica animal que haya merecido más atención y provocando mayor controversia que el andar del caballo” La gran pregunta formulada por la fisiología y la fotografía del siglo XIX (la pregunta que está en el origen del cine y, de manera indirecta, en muchos de los cambios del arte del siglo XX) se reduce a una incógnita simple, casi trivial, que mas bien parece motivo de una apuesta entre tahúres. Podría formularse así: ¿existe algún punto, durante el galope de un caballo, en el cual sus cuatro cascos de hallan levantados del suelo al mismo tiempo? Hasta la aparición de la cronofotografía, los pintores habían representado el galope del caballo según lo que se denominó flying gallop o ventre á terre : elevándose del suelo con las cuatro patas extendidas, las delanteras hacia el frente, las posteriores hacia atrás. Sobre este punto se ha mencionado con frecuencia el cuadro de Jhon Wootton, A Race on the Beacon Course at Newmarket(1725) en donde se encuentran mas de cuarenta y cinco caballos corriendo de ese modo, pero podrían encontrarse ejemplos similares en numerosas telas de la época.
En realidad, Marey había comenzado sus investigaciones sobre descomposición del movimiento con el objeto de hallar la mejor manera de distribuir el peso de la carga en los soldados. El estudio de los fenómenos vitales implicaba, para él, analizar los procesos, los cambios, el movimiento. El movimiento, afirmaba, es la manifestación mas evidente de la vida, por lo tanto, la fisiología debe comenzar por ahí. ¿Cómo leer en lo visible los fenómenos internos, inaccesibles por el ojo humano? La obseción de Marey fue la visibilidad: cuando las funciones fisiológicas se hacen visibles, pueden ser medidas, se vuelven legibles; y si son legibles, entonces pueden construirse como objetos del conocimiento.
Para él, la fisiología debía ser considerada una ciencia exacta, igual que la física o la química. Se trataba, entonces de estudiar las funciones vitales de os cuerpos en movimiento para encontrar las leyes que los gobiernan.. Y se trataba, también, de analizar el grado de eficiencia desplegado por esos cuerpos para minimizar lapérdida de capacidad productiva ocasionada por la disipación de la energía . El credo positivista de Marey lo impulsaba en esa dirección y las leyes de termodinámica –formuladas a mediados de siglo-ya habían señalado el camino para un proyecto semejante: al igual que las máquinas de vapor, el cuerpo humano (homo faber) podía pensarse como una economía dinámica que, a partir de la circulación y transformación de energía, produce movimiento.
Escribe Marta Braun:”Marey concebía el cuerpo como un máquina, una máquina animada, cuyas tareas podían medirse con otras máquinas y podían explicarse con las leyes teóricas de la mecánica. Yendo mas lejos, incluso, no definía la vida que animaba a esa máquina animal como una fuerza vital cuyos misterios últimos permanecerían siempre fuera del alcance de la investigación biológica (según la creencia común de su época) sino como un motor complejo que, al igual que los motores inanimados, consumía combustible y producía fuerza: un motor, entonces, cuyas funciones podían reducirse a leyes químicas y físicas”. Marey adaptó los instrumentos de medición de estas ciencias para traducir el lenguaje del cuerpo a un sistema de notación gráfica que los volvería comprensibles. Pero no sólo comprensibles: además eran inscripciones perfectamente objetivas ( es decir, verdaderas) ya que se lograban de manera automática. Era el propio fenómeno estudiado el que dejaba su trazo sobre el papel y, de ese modo, cualquier mediación deformante quedaba reducida al mínimo. Así surgieron el esfigmógrafo (que, a través del pulso, medía los latidos del corazón y los volcaba como notación gráfica precisa) y el miógrafo (que, a través de las contracciones musculares, permitía dimensionar los signos de fatiga y, por lo tanto, los factoras limitantes del motor humano para producir trabajo). Estas investigaciones lo llevaron a experimentar con el movimiento: de ese modo podría formular las leyes que regían los principios de conservación y disipación de la energía corporal.

David Oubiña, "Una Jugueteria Filosófica: Cine, cronofotografía y arte digital". "Como galopa un caballo".1ra ed. -Buenos Aires . Manantial 2009, pág. 56 al 61.